Desafío analógico

**Nueva edición: jugamos del 25/02/19 al 20/03/19**

 

Hace cuatro años (casi no puedo creer estar escribiendo esto), encontré por casa una cámara de fotos analógica que alguien se había olvidado una vez y recordé la sensación que me producía hacer fotografías con ella. Cada toma era única. Cada exposición, además, poseía un misterio hasta que la película se llevaba a revelar, y entonces el carrete se mostraba con una historia completa. Cada película se convertía en la posibilidad de una narración, aparte de ser el registro de una cotidianidad muy pura. Aquel invierno compré un carrete y salí a caminar el valle en el que vivo con el fin de tomar una sola fotografía diaria que representara toda la vivencia de ese día. Cuando había tomado diez imágenes, la cámara cayó al suelo y el carrete salió disparado de su interior. También hay historias, narraciones, registros, que permanecen velados y silenciosamente desaparecen. Aquellos sucesos me llevaron a reflexionar sobre nuestro papel, en este siglo XXI tan veloz y tan expuesto a las modas y tendencias, como coleccionadores de instantes. Llevar esa cámara conmigo era de por sí un desafío: me obligaba a la presencia, a recorrer los mismos caminos día tras día, a recorrer mi casa, mi pequeño mundo diario, con el objetivo de encontrar lo extraordinario en lo ordinario. Era un ejercicio de observación y de vida.

 

Entonces pensé mucho en lo que significaba «hacer» una fotografía, y no «sacarla» o «tomarla». En lo que significaba crear, a través de la luz, un mundo simultáneo que dejase testimonio de un día abocado a desaparecer cuando cayera la noche. Recordé las fotografías de cuando C y yo patinábamos en el paseo marítimo de Barcelona, llenas de grano, sobre expuestas, siempre con un encuadre fijo de 35mm, recordé el cine de la Gran Vía con luz de mañana, esas fotos nocturnas llenas de luces desconocidas. Ahora también recuerdo otras fotografías que me han emocionado y que nacieron de ese hacer simultáneo entre el arte, la memoria y la vida. Las fotos de G, siempre oníricas, los faros de C en su isla, las portadas de nuestros libros. Lo analógico va perdiendo lugar, pero precisamente por ello va adquiriendo otro sentido. Son la representación de lo insalvable del instante y de todo lo que lo rodea.

 

La propuesta de este desafío es recuperar la mentalidad analógica por 24 días. Aunque nuestras herramientas hayan cambiado, podemos recuperar la actitud analógica y observar desde ese minimalismo de una sola toma diaria la sobre explotación de la imagen en la que estamos viviendo. Volver a tener una mirada analógica significa encontrar en un solo detalle, en una sola toma, una representación de lo que somos: identidad, vivencia. El resumen de un día que pronto va a extinguirse.

 

Durante cuatro años, un grupo importante de mujeres hemos estado jugando a este juego. Lo que comenzó como una reflexión personal y una invitación a unas pocas, con el tiempo se ha ido convirtiendo en una tradición entre nosotras, en un volver a esa casa que es a la vez propia —la creatividad, la mirada, el arte— y compartida —nuestro hogar de escritura que se va ensanchando más allá de una red social, que se hace grande cada día y al cuál siempre regresamos para jugar. El desafío analógico en estos cuatro años se ha convertido en una celebración, en un rito de paso hacia el comienzo de la primavera y del otoño. En un recordatorio de lo que podemos hacer que se quede con nosotras. Cada año, alguien dice: «¿vamos a jugar esta vez al desafío?», dejando claro que esto es algo que nos trasciende y nos une.

 

Aprovechemos estos 24 días para reflexionar sobre el valor del instante, sobre la memoria, sobre lo que somos (y no sobre lo que decimos que somos), sobre los cambios imperceptibles de estos ciclos que nos acompañan desde la naturaleza. Aprovechemos para reflexionar sobre la presencia, la percepción, la escucha

 

 

 

En qué consiste el desafío

 

El desafío analógico es un juego para dibujar nuestros universos cotidianos a través de la imagen y de la palabra como herramientas de autoexploración.

 

Durante 24 días, compartiremos una sola fotografía en nuestro grupo en Facebook o en nuestros muros de Instagram acompañada de un texto (si queremos), que no necesariamente debe estar relacionado con la imagen. La idea original del desafío es tomar una sola fotografía por día, como forma de tomar conciencia del instante.

 

Las fotos pueden seguir un hilo temático que te apetezca explorar (la infancia, los árboles de tu jardín, qué sé yo…) o pueden ser fotos espontáneas que resuman y dejen constancia de este día que termina.

 

Para compartir tu desafío y leer a las demás participantes usaremos:

 

Nuestro hogar de escritura en Facebook (con el hashtag #desafíoanalógico y #eldíaquetoque)

En tu muro y stories de Instagram (etiquetándome a mí @maitenacaiman y con los hashtags #desafíoanalógico y #eldíaquetoque para que podamos encontrarnos, seguirnos, leernos y compartir lo que vayamos creando.

 

Como siempre, toda creación implica libertad, así que os invito a vivir este desafío desde el lugar que estéis necesitando. Si es salir del ruido, bienvenido sea. Si sentís urgencia de escribir, usémoslo para crearnos. Si tenéis ganas de salir a la naturaleza, que esta sea la excusa. Crear=Libertad.

 

Si te apetece participar en el desafío te puedes inscribir aquí:

 

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Muchos abrazos,

M

 

Todas las fotos son inspiración pinterest.

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