Un día. LFTS#4

En mi álbum familiar —uno que es secreto y que consta solamente de cuatro o cinco imágenes que resumen toda esa vida que ya fue— hay una fotografía de aquella época en el valle en la que aparezco de niña, posando feliz frente a una línea de girasoles enormes que sobrepasan mis hombros, mi cabeza, y abren sus miles de ojos al cielo. Detrás está la casa, el patio limpio de hierbas, pulido como de bronce. En mi cara, esa enorme sonrisa sin dientes. Lo que anhelo, verdaderamente mi mayor anhelo de todos —me doy cuenta y entiendo por qué la infancia se recuerda siempre con ternura— es olvidar que mañana será otro día. Y que después habrá otro, y otro más. Olvidarlo. Solo lo que está exento de futuro es verdaderamente presente, como ese cuerpo breve adelantado que nunca pensó que un día se haría enormemente alta.

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