Línea directa hacia el sol.

Hay una etapa previa, un pensamiento vivo. Trato de ver el Todo, de ser humilde, de postrarme ante lo inevitable como un manto y cubrime entera de paz, pero tengo miedo. Busco una intención: ¿por qué estoy haciendo esto? Quiero fortaleza para afrontar el futuro. Quiero integración. Quiero recuperar lo amputado, lo que estaba antes, lo que he visto en Perú, en Ecuador, en Bolivia, en Colombia: línea directa hacia el sol, la luna, las estrella, la tierra, el fuego, el agua. Necesito llenar con significado los espacios que quedaron vacíos. ¿Dónde vivieron los padres de mis tatarabuelas? ¿Qué plantas se ponían sobre las heridas para curarse? ¿En qué revoluciones lucharon? ¿Leían? ¿Amaban? Pienso en mis hombres, en mis mujeres. Pienso en la textura que me une a todos ellos. En mi dolor acuático. En mi castigo autoinflingido. En las muertes tempranas. En las piedras protectoras que cargo para caminar con buen rumbo. Cientos de años antes de nacer yo ya existía en el recuerdo de alguien. En el ánima de una planta. Regreso a por más: silencio, retiro, cuerpo cerrado, boca silenciosa, mundo sin olor, sin luz, penumbra, y de ahí renacimiento. El poder de la sal en mis células, el poder del azúcar en mi cerebro: ayuno de todo para encontrarme conmigo.

Foto: Patagonia

Texto: Estudio de aves en vuelo

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