Dedicado a ella, la escritura.

Ella dice…

 

Que si te levantas de la cama y dejas caer tus pies sobre el suelo, el frío despertará tus otros sentidos, abrirás los ojos y te darás cuenta que la distancia entre un pensamiento y el otro es el resultado de un acción que pospones cuando apagas lo que sueñas.

 

Ella dice…

 

Que cada vez que piensas en hacer eso que pospones, hay diez mil personas más que en otro lado pensaban lo mismo y se levantaron e hicieron algo al respecto. No como tú que sigues pensando en hacerlo después de masturbarte y pensar que eso te despertará. Ahora sigues durmiendo cinco minutos más y eso se multiplica en otra hora.

 

Ella dice…

 

Que cada vez que te giras hacia el lado izquierdo de la cama, para darle la espalda a esos pensamientos que te llevan a recordar su sonrisa, incrementan los anhelos de llegar a ese lugar que aún duerme en tu imaginario, y con razón que duerme ahí, ¡si sigues en la cama!

 

Ella dice…

 

Que por cada hebra que le arrancas a la manga del saco y cada mota que acumulas en el borde de la cama, construyes un muro tan rígido que si alguien compartiera la cama contigo, ya no podría ver lo que sientes a través de tus pestañas.

 

Ella dice…

 

Que cada palabra silenciada es una lágrima escondida en una pobre almohada que grita todas las noches por compañía y todo se resuelve entre dolores de espalda y quejas en el buzón de alguien que ya no te escucha.

 

Ella dice…

 

Que los vacíos no se pueden llenar, siempre son un lugar necesario para desapegarse.

 

Ella dice…

 

Que hablar sola no es un mal, sino una cualidad que ya pocos saben decodificar para pasar tiempo a solas.

 

Ella dice…

 

Que sobrevivirán juntas, no separadas.

 

Ella dice…

 

Que la abandonaste por miedo a volver a escribir las cosas que más te gustan y las que más duelen: Me gusto y eso también duele. Para luego escribir: Me gustas y yo te gusto, ¿qué más da?

 

Ella dice…

 

Que cada vez que te alejas sufres males físicos, por andar revoloteando en rutinas que no son tuyas.

 

Ella dice…

 

Que hay que volver a inventarse un lenguaje secreto que sólo entiendan dos personas, mientras se acercan sin decirse las cosas de frente, y así vayan re-encontrando esas piezas que otros les hicieron perder en el camino.

 

Ella dice…

 

Que en este momento lloras, porque acabas de prometer volver a acurrucarte al lado de un velita encendida y escribir hasta las cuatro de la mañana, sin pensar en que alguien te leerá, sino que escribirás para ella, para ti hasta que ambas vuelvan a ser una.

 

Ella dice…

 

Que ya que decidiste volver a sentarte en el borde la cama y tomarla de la mano, pueden volver a empezar.

 

Ella dice…

 

Gracias.

 

Yo le digo…

 

Gracias.

Ella es Juliana Ramírez (Bogotá, 1987), escritora, guionista y directora en Casa de Muñecas Films. Escribe cartas a desconocidos en Clem sin oxígeno. Su lema es “Gracias, más por favor”.