Día 6. El olvido

Una mujer que sabía leer los libros del universo me dijo: «no sanas porque olvidas». Ella no entendió el significado, pero sabía que quizá para mí aquella frase podía ser una revelación. Siempre la memoria se interpone entre yo y el mundo que dejo atrás. He existido solamente en el futuro durante veintiocho años. Ahora siento que debo decelerar y mirar atrás para construir una base sólida sobre la que decir mi nombre: marina, vuelo de pájaro, impermanencia de tierra, monte adentro.

Lo que creía que era una herramienta para salvar el instante —el diario— se convirtió un día en el almacén de las experiencias que me han ido sucediendo. Verterlas en él me liberaba de cargar con ellas allí donde fuera. Por eso podía ser una distinta cada día y así estaba bien. Como el ave del paraíso, me quemo, y de la asepsia gris del incendio nazco una vez más cada día. La memoria arde en el fuego conmigo.

Pero ya no basta. Ahora llega lo nuevo y cierro los ojos: no quiero verlo. En cambio, quiero acordarme de cuando era niña y recogíamos mariquitas en el pasto alto y verde del valle en el verano. De cuando cocinaba con hormigas y piedras. De cuando recorría en la bicicleta azul pacífico las colinas que me parecían montañas y me internaba en sus grutas oscuras sin linterna y no tenía miedo. Quiero acordarme de lo que pasó para que, en adelante, no volviera a recuperar ninguna de esas memorias de infancia. Todavía no lo sé.

Algunas conversaciones se tienen de adentro hacia afuera. Nada es casual cuando se aprende a mirar la vida como una sucesión de respuestas y preguntas. Dijimos la memoria en Bahía, después de pasar una noche en el tren reescribiendo la vida con ocho años. Dijimos la culpa en Bariloche, después de haberme desnudado de nuevo ante un otro. Dijimos la incomunicación, después de vislumbrar que en la habitacioncita gris donde me encierro a mí misma hay una ventana que puede abrirse para que entren la luz y el aire fresco de la Patagonia. Algunas veces, cuando hablamos, otros nos escuchan y le dan sentido a eso que decimos sin saberlo. Después algunas nos ocupamos de dejar un registro para que esa memoria olvidadiza un día pueda regresar aquí y comprender que una vez ya supo de sí misma.

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