Día 2. La intuición

En Colonia Suiza los amarillos de los árboles resplandecen. Siempre me imagino que habitaré así un bosque, caminando por encima de la tierra y llenando mis botas de barro. El lago aparece y desaparece a nuestro lado. Después no ha parado de llover en todo el día, y agradezco del agua la facultad de dejarme muy suave, casi como si no pesara nada. Hablo con Maca y  me dice que dejarle el control de nuestras vidas a la razón y a la mente es como darle a un mono un cuchillo. Entiendo el peligro sobre todo cuando me siento de piernas cruzadas e imagino en el fondo negro de mi mente una sola imagen —el Cotopaxi durante el hielo y el deshielo— y cada pocos segundos un pensamiento la interrumpe. Ese es el mono amenazante. Tenemos que permitirnos vivir a través de la intuición, llegar al conocimiento a través de esa facultad que todas poseemos y que es la que nos hace tomar las decisiones que importan. Y las que no. Ayer escuchaba a Gabi hablar y veía en ella el rastro de haber seguido una vez tras otra sus corazonadas. Su sabiduría está exenta de lenguaje.

La escucha primordial: como cuando dios te dice cosas al oído. En el sur, el dios es el lago, el ciervo y el árbol.

 

 

 

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