Día 11. El invierno

Dice Elicura Chiuailaf en Sueño azul que durante los inviernos se purifica la tierra para que las semillas puedan anidar y germinar mejor cuando vuelva la primavera. El invierno es la pureza de la palabra: lo he dicho todo, ahora callo. Hoy camino la calle y pienso que no hay en mí otra cosa que no sea incertidumbre e impermanencia y que comprender desde ahí la existencia me sana. Ya no me identifico con nada, salvo con la cualidad porosa de la tierra. Miro el océano o una de las lenguas que se internan en la isla y que han dejado el piso recubierto de conchas rosadas y después voy al encuentro de las casas de chapa y madera cubiertas hortensias. Antes del mediodía como en el mercado de Ancud. No huele a nada. La prolijidad de esta isla al sur del sur me hace extrañar la suciedad, la ignorancia, el violento aroma de la fruta podrida, el calor obsceno de los cuerpos. Aquí solo hay salmones y están limpios como si los hubieran extraído de un molde de agua. Encuentro árnica y me froto el cuerpo con su aceite. Hay un ligero descanso. Apago la luz temprano y bailo en la habitación a solas. Cultivo el invierno que vive en mí para que un día la semilla se despierte y nazca.

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