Cualidades del Tao. LFTS#5

Cuando digo «silencio» estoy hablando de ese deseo siempre inalcanzable de lograr que la mente enmudezca. El ruido se lo toma todo. Los pensamientos se lo toman todo, mi cuerpo completo, lo toman y lo hacen temblar, lo hacen no saberse a sí mismo, lo hacen desconocerse como si fuera el cuerpo de cualquier otra persona que no soy yo. Esta mañana he amanecido con las manos en el vientre: otra vez he tenido pesadillas, he dicho sí demasiadas veces y lo sigo haciendo porque quiero estar viva. Pero la mente, el cuerpo, ese ruido: ¿cuándo callan? Recuerdo el tiempo en Barcelona. Mi preciosa habitación de suelos amarillos y paredes amplias vivía de cara a un patio de colegio y las voces de los niños eran abrumadoras. Durante los últimos meses de aquel tiempo quise encontral el control remoto de aquella vida que tenía y apagar el sonido. Con un interruptor, hacer al mundo enmudecer. Y enmudecer con todo.

Uno de aquellos días, casi rozando el verano, fui caminando hasta la playa en busca de un centímetro de ola que pudiera borrar las voces de toda esa gente. Caminé y caminé, hasta que crucé el río Besòs, y después regresé a la ciudad sin haberlo encontrado. Adentro iba repitiéndome obsesivamente la misma frase: necesito que callen necesito callarme, desesperada siempre entre todo este caos. Nunca lo encontré. Me fui de la ciudad tan llena de voces. Después recorrí una parte de la cordillera de los Andes tratando de encontrarlo. Di con él mientras me bañaba en el río Mayo, en el piedemonte amazónico, después de seis días de medicina. Solo entonces me di cuenta de el silencio es una cualidad de la presencia. De la paz, que solo existe en mí y que solo yo me niego.

Lo que es adentro es afuera. Le pido a mi mente que calle y en secreto espero que todo alrededor se desvanezca.

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