Casa en el maizal. Wayku

En las profundidades del maizal me ha sido dada una habitación de adobe, sin agua, sin luz, sin ventanas. Los espíritus quedan afuera velando la noche. ¿Quién maneja cada milímetro de esta piel cuando no miro? La vida me vive, pero la selva es un llamado y tomo presencia en su voz. El viaje a su corazón, me digo a veces, porque alguna vez lo dijeron mis ancestros, es al corazón de mí misma. Amanece lo fértil en esta ciudad de diminutas vidas. Nos convidamos lo verde en el desayuno y después, tierra adentro, descubro el milagro: honro nacimientos cuando recorro con los dedos los círculos adentro de los árboles. Soy yo la que sosteniene la piel cuando nadie mira y la que reza a ese dios sin nombre que me acompaña en el centro de todo, que viaja conmigo —ser susurrante— en mi pecho.

Me voy.
Porque necesito abandonarme a mí en el corazón de la selva
donde solo estoy yo.

 

Foto: Isla de Chiloé

Este texto es un fragmento semi elaborado de un libro que estoy escribiendo y que se llama Estudio de aves en vuelo.

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